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Me Conecto Social Inca: Travel to the Land of the Four Quarters



Hace como una década atrás, un amigo explorador me contó sobre una antigua carretera inca que surcaba a lo largo de la Cordillera de los Andes. Luego aprendí que El Gran Camino Inca, conocido como Qhapaq Ñan, es una de las obras más grandes de infraestructura del mundo antiguo. Hoy la UNESCO lo considera uno de los más grandes patrimonios del planeta. Hace unos cinco años atrás decidí caminar paso a paso y escribir sobre este corredor tradicional andino.


Cinco mil kilómetros después, cruzando varios departamentos del Perú, entre grandes ciudades y pequeños pueblos, atravesando remotos y olvidados paisajes, pude tener una mirada muy íntima y única del interior del país. Esto lo hice en nombre de la exploración, conocimiento y conservación. El turismo es mi trabajo cotidiano y para mi es muy claro que los caminos incas, que están desapareciendo, pueden servir como un recurso cultural para el desarrollo de turismo en regiones con bajos recursos económicos. Mis colegas de la industria y yo estábamos trayendo más de un millón de turistas a Machu Picchu al año, aproximadamente un cuarto de los turistas que llegan al Perú anualmente. Un claro ejemplo que Perú, como marca, necesita diversificar el turismo a otras regiones del país y expandir los beneficios del turismo en otros departamentos.




Me Conecto Social Inca




Una de las cosas que aprendí al recorrer los caminos incas es lo bien conectados que están los sitios arqueológicos del Perú y como hay versiones similares a Machu Picchu en ruinas por todo el país. Machu Picchu es el resultado de un siglo de inversión pública y privada para restaurar un deteriorado complejo de ruinas que se escondía en lo alto de una montaña en la selva y que hoy es un gran recurso del país.


El enfoque de nuestro equipo en Huanuco Pampa fue basado en experiencias de trekking como turismo de aventura. Básicamente, lo que miles de turistas hacen cuando recorren el camino inca a Machu Picchu. Buscamos que una labor similar se pueda realizar en aquellas secciones que sobresalen en otras partes del pais, en tramos del camino Inca, las mismas que finalmente se puedan ver beneficiadas por el turismo. Una parte del modelo económico de nuestra compañía ha sido estructurado para preservar El Gran Camino Inca ya que existe un gran potencial y recursos para el desarrollo de este en nuestra industria. Sin embargo, entendemos que nosotros sólo somos una pequeña parte tratando de demostrar un modelo de trabajo. Si se logra difundir de manera sostenible este modelo, se podría mitigar el sobre turismo en Machu Picchu en los futuros años.


La geografía peruana es extrema y sus ciudadanos ocupan desde la costa del Océano Pacifico hasta territorios sobre 6,000 msnm en los Andes asi como gran parte de la selva del Amazonas. Gobernar el país desde Lima ha sido siempre un reto, desde que los españoles fundaron la ciudad en 1532 en su conquista del Perú. En contraste, los conquistadores incas fueron maestros en la administración vertical, el mundo andino intercultural gobernado en un imperio con la misma cantidad de población en donde se implementó un sistema monumental de caminos que fue tan funcional como imponente.


Hoy es el momento para reconstruir los caminos incas a la vez de asociarlos con los sitios arqueológicos, tal cual lo mencionaba Castillo. Hoy es el momento para estimular las economías regionales de Perú, como lo menciona el presidente Vizcarra en el plan de Arranca Perú. Y hoy es el momento hacia una inclusión económica para el desarrollo del futuro del Perú.


Los incas controlaron un vasto imperio que incluía cuatro zonas climáticas y, en consecuencia, su producción agrícola era muy diversa. La gente de los antiguos Andes era mayormente vegetariana, aunque ocasionalmente complementaban su dieta con carne de camélidos y mariscos, si podían obtenerlos. El estado inca desarrolló un enorme sistema agrícola, en el que requisaban cultivos y rebaños de los pueblos conquistados y se llevaban a su gente periódicamente para trabajar en cultivos propiedad del estado. Los incas también desarrollaron una vasta red de almacenaje que les permitió prepararse para las épocas de sequía o desastres, y a menudo los gobernantes regalaban alimentos para ganar popularidad.


Los incas eran agricultores ambiciosos, y para maximizar la producción agrícola, transformaron el paisaje con terrazas, canales y redes de riego, y de igual manera con frecuencia drenaban los humedales para adecuarlos a la siembra. Además, los incas eran muy conscientes del valor de la rotación regular de sembradíos, y también fertilizaban la tierra con estiércol seco de llama, guano o cabezas de pescado si esos recursos estaban disponibles. Aún así, el a menudo duro clima andino podía traer consigo inundaciones, sequías y tormentas, lo que, junto con las enfermedades, implicaba que no era raro que las cosechas anuales se perdieran. En esos casos, el talento inca de almacenar comida resolvió el problema.


Los alimentos (y otros bienes) eran guardados en las decenas de miles de almacenes (qollqa) que estaban distribuidos por todo el imperio, comúnmente colocados en filas ordenadas cerca de los centros de población, grandes fincas y estaciones a un costado de los caminos. Los funcionarios del estado mantenían cuidadosamente sus inventarios usando el quipu, un artefacto usado para registrar mediante hilos y nudos. Los qollqa eran edificios de piedra sin divisiones, que podían ser circulares o rectangulares y estaban construidos de manera extraordinariamente uniforme. Colocados en las laderas para aprovechar las corrientes frías, los qollqa estaban diseñados para maximizar el tiempo de almacenamiento de los bienes perecederos que contenían. Tenían canales de drenaje, piso de gravilla y ventilación tanto en el piso como en el techo para mantener el interior tan frío y seco como fuera posible, para poder almacenar los bienes ordinarios por hasta dos años y los alimentos liofilizados (secados y congelados) por hasta cuatro años. Los arqueólogos han determinado que el maíz, las papas y la quinoa eran los alimentos almacenados más comúnmente en los qollqa. El maíz y la coca de estos almacenes a menudo se regalaba a las masas para que los gobernantes ganaran popularidad, o cuando se perdían las cosechas.


Había también muchos campos sagrados en la capital inca de Cuzco. La cosecha que producían era usada como ofrendas en los templos, y una plantación en particular era reservada para la siembra ceremonial del primer maíz del año. Era ahí donde, en una ceremonia en el mes de Agosto, el rey inca araba la tierra por primera vez en el año con un arado dorado. El templo sagrado de Coricancha, hecho para Inti, el dios inca del sol, tenía incluso un campo de maíz de tamaño real hecho únicamente de oro y plata decorado con animales e insectos de metales preciosos. Cuando los incas conquistaban un territorio, se dividían la tierra en partes desiguales: una para la religión del estado, una para el rey, y una para los habitantes locales. Alternativamente, puesto que los impuestos a menudo se cobraban en forma de trabajo (mit'a), reubicaban a los campesinos para trabajar las tierras de los gobernantes o ayudar en otros proyectos del estado, como la construcción de caminos y edificios. Generalmente, el estado no se entrometía con las cosechas de los propios terrenos de los campesinos, y se les solía permitir cultivar pequeños terrenos aledaños a los cultivos del estado mientras trabajaban en su mit'a.


Los incas tenían dos comidas principales al día, una temprano en la mañana y otra por la tarde. Ambas las hacían sentados sobre el piso sin una mesa. Para la gente común, la dieta inca era mayormente vegetariana ya que la carne -de camélidos, patos, cuyos y presas de caza como venados y vizcachas- era tan preciada que se reservaba sólo para ocasiones especiales. Era más común la carne liofilizada (ch'arki), un alimento popular para los viajeros. Un alimento básico era una papilla hecha con quinoa, y cerca de la costa se comía pescado, usualmente en guisados. Utilizando pequeñas lanchas de junco, los pescadores incas pescaban anchoas, sardinas, atún, salmón, róbalo y mariscos. Las frutas silvestres disponibles incluían cerezas, chirimoyas, bayas de sauco, tunas, piñas y una especie de plátano.


Aunque el imperio Inca se originó en el Perú, a principios del siglo XVI comenzó a extenderse por Ecuador, donde una red de calzadas de piedra pronto conectó los distintos asentamientos. Los mensajeros transitaban estos caminos que con la información registrada en forma de cuerdas anudadas, llamadas quipus. Los ecuatorianos más antiguos como los Quitus (que vivían cerca del Quito de hoy), los Cañarí y los Caras hablaban quechua durante el dominio inca, un lenguaje que servía como lengua franca del imperio y que todavía es ampliamente hablado en Ecuador. El español llegó poco después, en 1531.


En este tiempo, supo rodearse de los mejores conocedores de la situación y con su apoyo inició de inmediato una formidable obra de legislador y reformador, por lo que mereció el título de "Solón del Perú", que le otorgara el insigne jurista limeño Antonio de León Pinelo. Su labor transformó el virreinato, aseguró la soberanía de la corona castellana y profundizó el pasado incaico.


La larga visita tuvo incidencias. Tras ingresar a la sierra por Huarochirí, el 20 de noviembre de 1570, arribó a Jauja, donde estableció nuevas reducciones o poblados de indios. Allí quedó asombrado al encontrar allí una montaña de expedientes judiciales, pues los lugareños eran dados a los pleitos interminables. Práctico como era su costumbre y para demostrar la inutilidad de tales papeles los echó todos a la hoguera. A continuación, construyó iglesias y resolvió injusticias, mientras ordenaba recuperar las tradiciones y costumbres de los antiguos incas.


Llegó a Cuzco a mediados de febrero de 1571 para permanecer en la antigua capital inca hasta el 5 de octubre de 1572, una larga estadía llena de acontecimientos y de fecunda actividad administrativa. Impresionado por la grandeza de sus edificaciones y su numerosa población, trató de recuperar las instituciones y leyes del Incario, reconociendo su innegable valor y procurando adaptarlas al gobierno de los indios. Amplió y mejoró las reducciones, cuyas tierras entregó en propiedad, proyectó la construcción de iglesias, escuelas y hospitales y aprobó la institución de los cabildos de indios, lo que permitió su autogobierno. También se preocupó por la situación de los encomenderos, colectores de los tributos de los indios que tenían asignados, lo que obligaba a su cuidado y catequización, así como a levantar escuelas y hospitales e incluso el pago de sus servicios en caso de necesitarlos. 2ff7e9595c


 
 
 

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